Érase una vez unos engendros…

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Después de mis paranoias, locuras, inseguridades y las tonterías varias que le dan a una, al final me enfundé mi precioso bikini del año pasado que compré en el Berskha. Sí, habéis leído bien, en el Berskha, la mítica tienda de polígoneras y chonis también tiene bikini para guardar mis encantos, a un precio de lo más atrayente. Para conseguirlo tuve que pelearme con una chica de esas que llevan el pelo teñido de rubio con dos mechones largos por fuera de una cinta del pelo, con los ojos pintados de rosa “furcia”, pantalones de chándal y una cazadora deportiva sin mangas o chaleco deportivo, a la que nunca he visto mucho sentido el llevarla. La susodicha tenía más espaldas que toda la selección de waterpolo junta y quería quitarme mi maravilloso bikini de 5 euros, pero yo, que soy muy astuta y tengo muchas horas de observación en el metro le comento: “¿esa chica que va hacía el vestuario no es Mª Ángeles la cantante de Camela?”. En ese momento su cara se ilumina y sale corriendo al vestuario dejándome con “mi tesoro”, obviamente pago cuál rayo en la caja y salgo de la tienda corriendo, directa hacia la plaza, sin mirar atrás.

Mi primer día de piscina, con mi súper bikini y ya ligo con el socorrista. Se acerca a mí mientras poso coqueta en el borde la piscina, y me comenta que es mejor que me eche un poco de crema, tengo unos hombros y una espalda muy bonita para que se me quemen…bla bla bla.

Cuando el sol me deja de deslumbrar, enfoco los ojos sospechando estilo chino, y veo al socorrista que no está tan bueno como en mi imaginación y me empieza a contar su vida, que si tengo un puesto en el ayuntamiento, que si hago pilates, que si soy el mejor socorrista, ¡a mí que me importa cómo hacen estiramientos las señoras de cuarenta¡ y mientras me cuenta esto me mira las tetas continuamente, los cristales de sus gafas de socorrista no son lo suficiente opacos, ¿se lo digo?

Además tiene pinta de pajillero. Sí, eso se nota. Este es pajidesconocido, de los que le da igual conocerte o no, pero esta noche seré la inspiración de sus mejores momentos en soledad.

Hablando de pajilleros, también hay un comerciante que viene por la tienda, representante de aros y tirantes para sujetador y todo tipo de adornos florales, que tiene una apariencia precisamente de eso, de pajillero. Es de esas personas que te dan grima nada más conocer, te da babosos besos cada vez que viene a la tienda, te dice lo guapa que estás y te pregunta con cara de salido si has probado la nueva línea de tirantes invisibles para sujetador. Este especimen es el pajicompañero de trabajo, solo de pensarlo, ¡asco, puag¡

Pero el colmo de los colmos, es esa noche de verano que  vas con tu amiga  para  casa a las 5 de la mañana, con toda tu borrachera, y ves a un chico desconocido que va delante de ti sin camiseta, aparentemente normal y con buena apariencia. De repente, y sin que ninguna de las dos lo espere,  suena algo así como el sonido de un tío haciéndose una paja, como comenta mi amiga, y efectivamente, el personaje sale de entre dos coches tocando la zambomba el muy cochinote. ¿Qué hacemos nosotras en ese caso? Pues salimos asustadas y escandalizadas cual monjitas en una reunión de tupper-sex, el estado de shock no nos deja hablar del tema.

Lo peor de todo, es que el pajillero exhibicionista tiene una gran herramienta…¡qué mal aprovechada¡

Reivindico ser objeto de pajadesconocido…

Gafaspasta Jones



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